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Veinticinco años

por Salvatore Borsellino

traducido por Patricia Ferreira

«Veinticinco años, y es como si hubiera sucedido justo ayer.

Veinticinco años, la voz de mi esposa que me llama y me dice: “¡Corre, porque en la televisión están hablando de un atentado en Palermo”. Y yo, que no necesito correr, porque hace 57 días que todos sabemos lo que iba a ocurrir.

Veinticinco años y un vuelo hacia Palermo que dura toda una vida, con la esperanza de que las noticias no sean verdad, de que mi hermano esté vivo aún. Y, en cambio, a mi llegada oigo la voz de mi madre, por teléfono, que me dice: “Tu hermano falleció”.

Veinticinco años y es como si hubiera sucedido justo ayer, veinticinco años y las heridas que siguen sangrando, veinticinco años y es como si todos los relojes se hubieran detenido con las agujas en aquella hora del 19 de julio, como el reloj de la sala de espera de la estación de Bolonia, que se detuvo para marcar la hora en que tantas vidas fueron destruidas en aquel tren.

Veinticinco años y los recuerdos de millones de personas se detuvieron, como cristalizados, en la escena de lo que estaban haciendo aquel día y a aquella hora, un recuerdo estático, inmóvil, que nunca podrá ser borrado.

Veinticinco años y ya no puedes olvidar, porque tu hermano se fue a la guerra, pero no lo mató el fuego del enemigo contra el que había ido a luchar, sino el fuego de quien estaba detrás de él, de quien lo habría tenido que proteger, de quien habría tenido que combatir junto a él.

Veinticinco años y no hay tiempo para llorar, no es tiempo de lágrimas, porque es solo el momento de luchar por la Verdad y la Justicia, por esa Justicia que, en cambio, es ridiculizada, vilipendiada, pisoteada por un falso testimonio que despistó a los investigadores durante nada menos que tres procesos.

Un falso testimonio tramado por partes desviadas del Estado, pero avalado por los magistrados que tendrían que haberlo rechazado, por lo inverosímil que era, que hubiera sido confiada a un simple malhechor de barrio la tarea de asesinar a Paolo Borsellino.

Y después, un cuarto proceso en el que se pretendía procesar a la víctima, acusándolo por las calumnias que había sido obligado a declarar, con torturas de todo tipo, por representantes de un Estado desviado, que para ocultar la Verdad esconde en sus cajas fuertes una Agenda Roja robada del automóvil de Paolo cuando todavía estaba en llamas.

Veinticinco años, y cada año en la calle D’Amelio para impedir el funeral de Estado que nuestra familia rechazó desde el primer momento, para impedir que los “buitres” vayan a la calle D’Amelio llevando sus símbolos de muerte, para asegurarse de que Paolo esté realmente muerto.

Veinticinco años y todavía resuena en mis oídos la voz de mi madre que nos dice a mi hermana Rita y a mí, mientras aún resuena en sus oídos el estruendo de la explosión que le quitó a su hijo, “Vayan por todos lados, dondequiera que los llamen, para hablar del sueño de Paolo: mientras que alguien hable de Paolo y de su sueño, vuestro hermano no estará muerto”.

Veinticinco años, y no sé cuántos años me quedan aún para cumplir el juramento que le hice a mi madre.

Pero tengo una sola certeza: que el sueño de Paolo no morirá nunca, porque era solo un sueño de Amor.

Despedazaron una autopista, pusieron bombas que hicieron añicos edificios, que destruyeron calles… pero no conseguirán nunca inventar una bomba que logre matar el Amor».

 

Veinticinco años por Salvatore Borsellino
video por Guido y Patricia di Gennaro en Vimeo.

 

Epílogo del libro «Quel terribile ’92» (Aquel terrible 1992) por Aaron Pettinari, Editorial Imprimatur, 2017

Tomado de «Paolo Borsellino e l’Agenda Rossa» (Paolo Borsellino y la Agenda Rossa) (tercera versión, 2017) por el Movimiento de las Agendas Rojas, de pág. 24 a pág. 26.